Fantasmas en el Casino gaditano. Recepción en el Cádiz del XIX.

"Los bailes entonces en boga eran la gavota y el rigodón, sobre todo este último de gran lucimiento para el galán... También en aquellos días se empezaba a bailar el vals... Para que la Regencia obsequiara a Lord Wellington faltaba un amplio edificio con un salón adecuado para celebrar tan importante festejo; se habilita finalmente el Hospicio trasladándose los acogidos a otro lugar. Como entre los trasladados estaban los locos se contaba en Cádiz que uno de éstos, al ver los preparativos que se hacían preguntó a otro qué ocurría. El interrogado contestó: que vienen unos locos muy principales" (Ramón Solís, 1812)

 

Una sociedad embelesada de su esplendor que no vio llegar la decadencia que traería la pérdida de las colonias ultramarinas y la posterior desaparición de las líneas marítimas oceánicas de pasajeros.