Una flota para un imperio. Maqueta naval en Museo de las Cortes de Cádiz.

Cádiz fue siempre una ciudad asediada y atacada por todas las banderas, piratas incluidas. En el ataque anglo-holandés la ciudad de Cádiz quedó devastada: además de las iglesias y hospitales se quemaron 290 casas de un total de 1.303. Se cuenta que las galeras españolas, dotadas de una artillería insuficiente para combatir a los galeones invasores, huyeron por el caño de Sancti Petri, rodearon la costa y vinieron a refugiarse en Rota. Tras la partida de los ingleses, las autoridades españolas consideraron la posibilidad de fortificarla o desmantelarla, trasladándola al Puerto de Santa María. Cuando la nueva dinastía de los Borbones apuesta por Cádiz, fortifica la Bahía, crea la escuela de Guardiamarinas y centraliza la construcción de la nueva flota en la Carraca.