Línea Pinillos a las Antillas. Plaza Mina. Cádiz

"Una tarde fui con mi madre a despedir a un familiar que era delegado de la Compañía Trasatlántica en Cuba. Subí al Virginia de Churruca, y en la cámara de oficiales probé la Coca-Cola por vez primera, mientras los mayores bebían ron. El barco salió con retraso porque mi madre no paraba de contarle historias de Cádiz al capitán. Escuché que antes de atracar en La Habana harían escala en Santo Domingo. Desde entonces esos dos nombres pasaron a formar parte de mi mitología personal. Jugaba con barquitos de papel que iban y venían de un puerto a otro. Cuando muchos años más tarde pisé La Habana era casi como la había imaginado en las aguas de mis fantasías. Su luz era la misma que la mía. Y cuando llegué a la República Dominicana aspiré el mismo aroma que me envolvió en aquella salita flotante de mi niñez, Ese olor marítimo ya no me abandonaría durante toda mi estancia en la isla. Desde la ventana de un hotel de Santo Domingo  busqué por el Caribe el viejo barco que debía estar a punto de enfilar  el río Ozama y anclar en el puerto para devolverme aquel niño que fui y aquella madre que hablaba y hablaba en el muelle de Cádiz, quizás con la esperanza de que el navío no zarpara nunca. Aún perviven los dos en el mural del tiempo, cuando cierro los ojos" (José Ramón Ripoll)

 

Las navieras mantuvieron líneas regulares con América y Filipinas años después de la pérdida de las últimos territorios de Ultramar que habían pertenecido a España, y en Cádiz existieron diversas empresas navieras que atendían estas líneas regulares que unían Cádiz, con la Habana, Nueva Orleans, San Juan de Puerto Rico  o Nueva York.