Navieras, consignatarias, aseguradoras, consulados? el último fulgor del esplendor de Cádiz.

"El 12 de octubre de 1778, Carlos III promulgó el Reglamento para el "Libre Comercio de España e Indias", por el que Cádiz perdía el monopolio. Los más críticos presagiaron malos tiempos para el comercio gaditano; sin embargo, y paradójicamente, esta medida le benefició al ampliarse los mercados. Este aspecto positivo no fue casual, ya que la ciudad contaba con los instrumentos del comercio a larga distancia: consignatarios, banca comercial, seguros marítimos, relaciones profundas con otros grandes puertos, consulados, etc. Lo que la dejaba en una situación, no solamente de un centro portuario de redistribución de productos, sino que era una agencia distribuidora del capital comercial, del crédito y de la información del mercado y proporcionaba un amplio abanico de servicios, suministros y cargas de reexportación, en definitiva, la ciudad ya estaba preparada para el fin de tan gran privilegio" (L. López Molina)

 

El esplendor del Cádiz del XVIII (económico) y XIX (político) fue tan grande que sus rescoldos llegaron hasta los años treinta del siglo XX.